El nuevo “desafuero” de AMLO

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Hace siete meses, el Movimiento Regeneración Nacional (Morena) solicitó al IFE su registro como partido político. Lo hizo dentro del plazo establecido por las nuevas reglas, que imponen una serie de requisitos a las agrupaciones aspirantes a partidos.

Muchos respiraron aliviados porque veían en ese acto la decisión de Andrés Manuel López Obrador de seguir la vía institucional, ajustándose a las normas del juego democrático.

Dicen en el IFE que quizá esa conclusión fue demasiado precipitada. Hasta el último corte del Instituto Federal Electoral, hecho antier 27 de agosto, Morena no ha mostrado ningún interés en cumplir con la serie de requisitos sencillos, burocráticos, a los que está obligado para obtener su estatus de partido político nacional.

Sólo cumplió con presentar oficialmente el nombre de la organización, Morena; los nombres de sus representantes legales, Martí Batres, Bertha Elena Luján, Tomás Pliego y Marco Antonio Medina; y el domicilio para recibir notificaciones: Santa Anita 50, colonia Viaducto Piedad, Delegación Iztacalco del DF. Pero no cumplió con poner un simple número telefónico en donde puedan ser localizados dichos representantes.

Tampoco ha presentado al IFE su programa de asambleas (de las 39 organizaciones que pidieron registro, sólo tres lo han hecho, entre ellas Concertación, de Manuel Espino), por lo que no se sabe si optará por realizar 20 asambleas estatales con por lo menos 3 mil afiliados participantes, o 200 asambleas distritales con 300 afiliados cada una.

Tampoco ha presentado su padrón de afiliados, sus acreditaciones para tomar parte en las asambleas, ni su declaración de principios, sus estatutos y su programa de acción. Morena no tiene calendario formal de asambleas ni ha exhibido un solo formato de afiliación de algún simpatizante para que sea verificado por el instituto.

El incumplimiento de esos y muchos otros pequeños requisitos legales sólo puede tener como resultado que los consejeros electorales del IFE nieguen el registro como partido político a la agrupación que sea… aunque se apellide López Obrador.

Le quedan cinco meses al movimiento lopezobradorista para cumplir con formalidades que claramente no le deben ser un problema: no hay quien dude que el ex candidato presidencial y sus operadores tienen capacidad para reunir 20 asambleas estatales con 3 mil personas, ya no digamos para llenar unos formatos, presentar un calendario o poner un número telefónico en sus documentos legales… si les da la gana.

La conclusión a la que están llegando algunos en el Consejo General del IFE es que no se trata de descuidos sino de una estrategia deliberada para orillar a ese órgano a negar el registro y a partir de ahí tomar una ruta de sobra conocida y que en el pasado ha traído rendimientos importantes al tabasqueño y sus huestes: la victimización.

…Y ya pueden oír los discursos en la plaza acerca de cómo la mafia del poder decidió negar la participación a la única verdadera oposición que queda para tratar de salvar al país. Y de ahí, al 2018.

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